Trump, Bukele y el castigo como acto de amor: El evangelio que CNN no quiere predicar

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OPINIÓN: Por Otto Mañón

Este tema, debo reconocerlo, me alegra la vida. Qué dolor debe haber sentido el progresismo mundial al ver a Donald J. Trump y Nayib Bukele reunidos en la Casa Blanca…

Y no para hablar de cambio climático ni de inclusión de pronombres en los pasaportes, sino para firmar acuerdos que fortalecen el control migratorio, promueven el orden, y —horror de horrores— construyen cárceles para criminales.

Para los devotos del “Jesús hippie” que nunca levanta la voz, ni azota a mercaderes, ni dice “sepulcros blanqueados”, esto es una blasfemia.

Pero para quienes creen en el Cristo que juzga con justicia y gobierna con vara de hierro, fue una bocanada de oxígeno en medio de tanto relativismo moral.

La izquierda llora por Kilmar Ábrago García, ese “hombre de Maryland” que resulta ser un salvadoreño con orden final de deportación desde 2019, señalado por dos tribunales y por inteligencia internacional como miembro de la MS-13.

¿Dónde está el escándalo entonces? En que lo deportaron a su país de origen, El Salvador. Es decir, donde pertenece.

“¡Violación de derechos humanos!” clama CNN con la misma pasión con que ignora a las víctimas del crimen, del tráfico humano, de los niños abusados por pandilleros liberados por ciudades santuario.

Mientras tanto, Bukele —ese presidente sin complejos ni media tinta— le responde al mundo entero: “El que la hace, la paga”.

Y lo dice con una sonrisa y una cárcel de máxima seguridad de fondo. ¡Qué glorioso escándalo! ¡Un presidente latino que no pide ayuda, sino que ofrece ayuda para encerrar a criminales peligrosos!

¿No es acaso esto lo que hace un líder justo? ¿No es esto lo que haría un padre responsable?

¿O acaso el Dios del cielo, que destruyó Sodoma, que disciplinó a Israel, y que enviará juicio a las naciones, se ha jubilado para que ahora la ONU y los opinólogos con lentes redondos reescriban la definición de justicia?

La Corte Suprema votó 9 a 0 a favor de “facilitar” el retorno del salvadoreño. Pero Trump y Bukele dijeron que no lo aceptarán.

Y lo dicen con el peso de quienes entienden que no todo lo legal es justo, y que no todo lo judicial es moral.

Porque cuando una nación no puede ni siquiera decidir a quién recibe o a quién deporta, ya no es una nación, es una broma con himno.

Bukele tiene razón: un pueblo no puede ser libre mientras los criminales están sueltos.

Y Trump también: un país no puede ser soberano si no tiene fronteras ni leyes aplicables. Pero los jueces demócratas no lo saben.

Alguien con juicio debe dejárselos saber. Ambos presidentes están recordándonos que la compasión mal entendida es complicidad, y que la justicia sin fuerza es poesía sin poder.

Y tú, lector, ¿en qué bando estás? ¿Del lado de los que lloran por los pandilleros encarcelados? ¿O del lado de los que oran para que haya más líderes con el valor de llamar al mal por su nombre?

El evangelio nos recuerda que hay perdón para todo pecador arrepentido, pero también hay consecuencias. Y el Reino de Dios no es un circo sin orden, sino un trono firme donde reina un Dios Santo.

Hoy más que nunca, hace falta proclamar el mensaje completo: Dios es amor, pero también es fuego consumidor. Y como dijo Bukele —y Jesús mucho antes que él—: “El que no recoge conmigo, desparrama”.

Que lo oigan en CNN. Y antes de cerrar… una palabra más alta que toda geopolítica.

Puede que Bukele construya cárceles, y Trump levante muros, pero hay una prisión más oscura que ninguna supercárcel de El Salvador: la del pecado. Y hay un muro más alto que cualquier frontera física: el que separa al hombre de Dios.

El evangelio no se trata solo de justicia terrenal, sino de redención eterna. Y esa redención no la concede ningún tribunal, ni presidente, ni Corte Suprema. Solo el Rey de Reyes puede declarar inocente a un culpable. Solo Cristo puede borrar la condena de quienes verdaderamente se arrepienten y creen en Él.

Si el mundo se está hundiendo en caos, no es solo por falta de leyes… sino por falta de arrepentimiento. Y si los pueblos claman por justicia, es porque necesitan urgentemente reconciliarse con el Justo Juez.

Que Dios tenga misericordia de nuestros países. Y que haya avivamiento en las prisiones… y también en los palacios. Porque el mismo Jesús que perdonó al ladrón en la cruz sigue salvando a todo aquel que cree. Aún hay esperanza.

Y si aún no te has puesto a cuentas con Dios, hazlo hoy.

No esperes que el juicio final te sorprenda sin abogado, porque el único que nunca ha perdido un caso… es Cristo.

#POLICristianizando

Otto Mañón es pastor (o aspirante a siervo inútil) de Iglesia Casa de Bendición Inc., Marietta, GA, freelancer comunicador, miembro de la Coalición Dominicana de Atlanta Georgia y ex editor de los medios hispanos de Pennsylvania Esperanza Comunitaria, Acento Hispano News y @tiempo news.

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