Madre latina estafada en plena crisis con su esposo

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Por: Mario Guevara/MGNews

Una desesperada mujer contactó a MGNews y con pruebas, demostró que le está lloviendo sobre mojado.

Y es que el pasado miércoles los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) arrestaron a su esposo, Julio César López Urbina, en la Pequeña Habana, Florida, cuando se dirigía hacia su trabajo.

Los oficiales federales lo acorralaron a primera hora de la mañana y sin mediar palabra se llevaron preso al padre nigaragüense que estaba en proceso de asilo por un ataque que sufrió en su país natal.

“Él no tiene ningún tipo de récord criminal ni nada yo sé que no soy el peor caso, pero en este momento me siento desesperada pues tengo dos niños y uno tiene terapias todos los días”, aseveró la señora Yessica Centeno.

“Además, estoy embarazada y actualmente en el lugar donde vivo me están corriendo porque no he pagado la renta y tampoco tengo para la comida” …

Pidió ayuda de famoso influencer

En su desesperación, la señora Centeno le escribió en múltiples ocasiones a todas las redes sociales de Carlos Eduardo Espina, uno de los activistas y creadores sociales más popular del continente.

Al no obtener respuesta alguna, hizo una serie de videos en sus redes sociales implorándole ayuda en público.

Lo intentó durante varios días y por diversos medios, mientras que gente que la seguía lo compartía y etiquetaba a Espina.

Fue así como de repente, la contactó un estafador con una cuenta falsa a nombre de Carlos Eduardo Espina, pero que no está verificada como las páginas reales del creador de contenido.

El sujeto la convenció de que tenía a un abogado de confianza que le sacaría a su pareja de la cárcel por un costo muy razonable.

Pocos minutos después, por medio de WhastApp le escribió quizás el mismo individuo haciéndose pasar por un profesional en leyes referido por Espina.

Ella cayó redondita y le mandó por medio de Zelle, la cantidad de 250 dólares a un tal Jean Santana. Entonces fue bloqueada y su dinero se esfumó.

“Juro por mi Dios santo que no miento y que estoy en una desesperación que hasta siento que me voy a morir del dolor. No somos criminales. Por favor perdone usted que le moleste en mi desespero es algo que no puedo controlar”, me dijo la acongojada madre.

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