Lo arrestaron en silencio, sin alboroto. Pero detrás de la captura de Joel Armando Mejía-Benítez, de 38 años, se esconde una historia marcada por la violencia.
El pasado 5 de mayo, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) localizaron y detuvieron a este presunto miembro de la MS-13, una de las maras más temidas de América Latina.
Este supuesto pandillero de la Mara Salvatrucha se encontraba en Silver Spring, Maryland, tras haber cruzado ilegalmente la frontera de este país.
Según las autoridades federales, no solo es un miembro activo y validado de la MS-13, sino que también es buscado por el gobierno de El Salvador por delitos relacionados con armas de fuego.
“La captura de este violento pandillero es un paso crucial en nuestra misión continua de proteger a nuestras comunidades”, declaró Nikita Baker, directora interina de ICE en Baltimore.
“Personas como él representan una amenaza para la seguridad de los residentes de Maryland”.
Tiene un largo prontuario criminal
La historia inmigratoria de Mejía se remonta a noviembre de 2004, cuando fue detenido cerca de Sullivan City, Texas, por la Patrulla Fronteriza.
En ese momento, se le entregó una notificación para comparecer ante un juez inmigratorio, quien ordenó su deportación en ausencia un año después, en diciembre de 2005.
Aunque fue removido a El Salvador el 13 de diciembre de 2006, el señor volvió a cruzar la frontera en una fecha y lugar no especificados.
Reapareció años más tarde en Maryland, y ICE lo volvió a arrestar el 20 de marzo de 2014, con la intención de restablecer su orden de deportación previa.
A pesar de las múltiples oportunidades que tuvo para permanecer fuera del país, su historial lo alcanzó.
Hoy, con una orden final de remoción vigente, Mejía permanecerá bajo custodia federal mientras se define su futuro inmigratorio.
Su caso reabre el debate sobre la reentrada ilegal, la presencia de pandillas internacionales en territorio estadounidense y los riesgos que representan para la seguridad local.


